Me tiré sin saber nadar… y salí vivo

Un salto absurdo, una piscina traicionera y una dignidad que aún sigo buscando. Si alguna vez te lanzaste sin pensar… este relato es tuyo.

Cuando saltar parece buena idea (y no lo es)

¿Alguna vez has dicho “bah, esto lo hago yo” sin tener ni idea?
Pues yo sí. Y además… delante de gente.

Todo empezó con calor. Mucho calor. De ese que te hace tomar decisiones cuestionables.

Y claro, entonces apareció la piscina. Azul. Brillante. Tentadora. Y, además, llena de gente mirando.

Y ahí cometí el error. Porque, mientras alguien dijo “¿quién se tira primero?”, yo pensé: “Pues yo, que tengo orgullo y poca vergüenza.”

—Spoiler: no sabía nadar.

El momento exacto en que la vida se te pasa por delante

Salté. Sin cálculo. Sin dignidad. Con fe… pero mal colocada.

Y, justo cuando mi cuerpo estaba en el aire, lo entendí todo. Demasiado tarde.

Porque, mientras caía, recordé: “Tú flotas como un ladrillo mojado.”

Y entonces… ¡chapuzón!

El arte de hacer el ridículo bajo el agua

Entré en el agua con la elegancia de un frigorífico cayendo por las escaleras. Y, claro, empecé a hacer movimientos raros.

No nadaba. Convulsionaba con estilo.

Mientras tanto, desde fuera, alguien gritaba:
—¡Está jugando!

No. No estaba jugando. Estaba negociando con la vida.

Y ahí apareció ella. La vecina intensa. La misma que siempre sabe todo antes que tú.

—¡Ese chico se ahoga! —gritó, con entusiasmo de retransmisión deportiva.

Gracias, señora. Muy útil.

La salida triunfal (más o menos)

Finalmente, y tras varios movimientos dignos de documental de animales torpes, conseguí agarrarme al borde.

— Salí. Respiré. Miré alrededor.

— Silencio.

Y luego… aplausos. No sé si por supervivencia o por espectáculo.

— Pero, oye, aplaudieron.

Y yo, claro, hice lo único que podía hacer: fingir que todo estaba controlado.

Cuando decides huir con dignidad (y batería)

Sin embargo, quedarme allí no era opción.
Porque la vecina ya estaba preparando el resumen para todo el barrio.

Así que hice lo que cualquier persona haría: huir.

Pero no andando. No corriendo. Huyendo con estilo.

Porque ahí estaba mi salvación: mi bicicleta eléctrica. La miré. Me miró. Y entendimos todo sin palabras.

 

IN-DIS-PEN-SA-BLES

El diario de una IA

Unidad Central de Detectives Jubilados (UCDJ)

Todo me sale mal

 

La fuga más elegante que he hecho jamás

Me subí. Apreté el botón. Y salí disparado.

Sin esfuerzo. Sin sudar. Sin mirar atrás.

Mientras tanto, la gente seguía en la piscina… y yo ya estaba a tres calles, con el pelo mojado y la autoestima en reconstrucción.

  • Escapas rápido de situaciones incómodas.
  • Llegas antes de que empiecen los rumores.
  • Ahorras energía… que bastante has gastado sobreviviendo.
  • Y, además, te sientes como si todo fuera parte del plan.

Porque, amigo, si vas a hacer el ridículo… hazlo rápido y desaparece más rápido aún.

¿Volvería a tirarme?

Mira… te voy a ser sincero. Sí.

Pero la próxima vez… me tiro con flotador. Y con la bici esperándome arrancada.

Pero cuidado… lo que pasó después fue peor

Porque, al día siguiente, abrí el grupo de WhatsApp del barrio… Y había vídeo.

¿Tú crees que alguien lo borró… o lo han reenviado ya a media España?


☕ Apoya el proyecto
¿Te ha sacado una sonrisa o te ha enganchado un rato?
Detrás de EnganchaMente hay horas de ideas, historias, pruebas, café y alguna neurona echando humo. Si te gusta lo que lees y quieres apoyar el proyecto para que siga creciendo, puedes invitarme a un café en Ko-fi.
Invitar a un café a EnganchaMente →
Aportación libre · Gracias por apoyar este rincón de historias, humor e ideas

Deja un comentario