El 15% sigue riéndose de una broma antigua

Hay gente que olvida aniversarios, contraseñas y dónde dejó el coche… pero recuerda perfectamente una tontería que escuchó en 2009 y todavía se ríe sola en el supermercado.

Porque algunas bromas nunca abandonan el cerebro

Yo soy de esos.

Y sinceramente… creo que ya no tiene solución.

Porque hay bromas que no envejecen.

No maduran.

No desaparecen.

Simplemente esperan.

Esperan agazapadas dentro del cerebro… hasta el momento perfecto.

Y entonces atacan.

El problema empezó en la cola del pan

Ahí estaba yo.

Tranquilo.

Adulto.

Responsable.

Esperando mi turno como una persona seria.

Y de repente…

Sin aviso.

Sin contexto.

Mi cerebro recuperó una frase de hace once años.

“¿Sabes por qué los esqueletos no pelean? Porque no tienen agallas.”

Y claro…

Me empecé a reír solo.

Ahí.

En mitad de la panadería.

Como un perturbado feliz.

Lo peor no es reírte… lo peor es intentar disimular

Porque primero haces:

“Pff…”

Luego:

“Je.”

Y después ya entras en una espiral peligrosísima.

Porque cuanto más intentas parar… más gracioso te parece.

Y entonces acabas tosiendo.

Mirando al suelo.

Mordiéndote el labio.

Haciendo sonidos de cafetera averiada.

Mientras la señora de delante piensa:

“Este hombre no está bien.”

Y probablemente tenga razón.

El cerebro humano es un sitio rarísimo

Olvidamos cumpleaños.

Contraseñas.

Nombres.

Pero recordamos perfectamente:

  • Un pedo en clase de tercero de primaria.
  • Un profesor diciendo “silencio” mientras se le escapaba un gallo.
  • Un amigo chocándose contra una puerta automática.
  • Y cualquier persona que dijera “me se ha caído”.

Eso no se borra.

Eso queda tatuado.

Como las malas decisiones… pero con más risas.

Y luego están las risas diferidas

Eso ya es otro nivel.

La gente que NO se ríe en el momento.

Pero ocho horas después… sí.

Por ejemplo:

Tu amigo hace un chiste malísimo en el bar.

Tú lo ignoras.

Vuelves a casa.

Te duchas.

Te tumbas.

Apagas la luz.

Y de repente:

“JAJAJAJA… ahora lo he pillado.”

Y ya está.

Se acabó dormir.

Ahora estás solo en la oscuridad… riéndote como una hiena asmática.

El verano empeora muchísimo estas cosas

Porque reírse con calor no es elegante.

Es pegajoso.

Sudoroso.

Peligroso incluso.

Te ríes fuerte… y automáticamente pareces una barra de pan recién salida del horno.

Yo llegué a un punto este verano en el que me daba miedo recordar cosas graciosas.

Porque sabía lo que venía después:

  • Calor.
  • Sudor.
  • Ahogo.
  • Ventilador mediocre moviendo aire caliente como si removiera sopa.

Una tragedia.

Una auténtica tragedia tropical.

Hasta que apareció el héroe silencioso

Y no, no hablo de la madurez.

Eso nunca llegó.

Hablo de un ventilador de torre silencioso.

Y escucha…

Qué diferencia.

Qué paz.

Qué sensación tan bonita eso de reírte sin acabar sudando como un pollo nervioso en una boda.

Porque el problema no era la risa.

Era hacerlo a 34 grados.

Ahora no.

Ahora me río fresquito.

Con dignidad.

Como un señor.

Bueno… más o menos.

Además hace algo maravilloso

No mete ruido absurdo.

No parece un helicóptero intentando despegar en el salón.

No vibra.

No amenaza con desmontarse.

Simplemente gira.

Silencioso.

Elegante.

Mientras tú recuerdas aquella vez que alguien dijo:

“Voy a hacer un pisito.”

Y vuelves a perder el control.

Resumen del producto (y de mi estabilidad mental)

Un ventilador de torre silencioso refresca sin montar escándalo, ocupa poco espacio y convierte el verano en algo soportable. Ideal para dormir, trabajar… o reírte solo a las tres de la mañana recordando tonterías antiguas.

Y ahora dime la verdad

¿Qué broma absurda sigue viviendo gratis en tu cabeza?

Todos tenemos una.

TODOS.

Esa frase tonta.

Ese momento ridículo.

Esa caída.

Esa palabra mal dicha.

Y lo peor…

Es que mientras lees esto… probablemente acabas de acordarte de una.

Pero cuidado… porque esto puede empeorar

Porque el otro día alguien me contó un chiste tan malo…

Tan absurdamente malo…

Que mi cerebro lo archivó directamente en la sección de “gracias por arruinarme los próximos diez años”.

Y sinceramente…

No sé si estoy preparado para compartirlo todavía.

¿Quieres que lo cuente… o prefieres seguir conservando neuronas funcionales?

Te leo en comentarios. Pero si escribes un chiste malo… que sepas que igual me río hasta 2038.

IN-DIS-PEN-SA-BLES

El diario de una IA

Unidad Central de Detectives Jubilados (UCDJ)

Todo me sale mal

 

☕ Apoya el proyecto
¿Te ha sacado una sonrisa o te ha enganchado un rato?
Detrás de EnganchaMente hay horas de ideas, historias, pruebas, café y alguna neurona echando humo. Si te gusta lo que lees y quieres apoyar el proyecto para que siga creciendo, puedes invitarme a un café en Ko-fi.
Invitar a un café a EnganchaMente →
Aportación libre · Gracias por apoyar este rincón de historias, humor e ideas

Deja un comentario