Un ventilador de torre silencioso empieza a parecer una compra bastante razonable cuando el que tienes en casa deja de ventilar y comienza a comunicarse.
Primero hace un pequeño:
«clac-clac-clac».
Inofensivo.
Casi entrañable.
Entonces alguien de la familia pronuncia una de las frases más peligrosas del mantenimiento doméstico:
«Eso aguanta perfectamente.»
Y claro.
Todos sabemos lo que significa.
«Vamos a convivir con este problema hasta que explote o alguien pierda la paciencia.»
Así pasan los veranos.
Primero el ventilador parece una cafetera vieja. Después, una motocicleta intentando arrancar. Y finalmente suena como una avioneta agrícola sobreviviendo a duras penas sobre Castilla-La Mancha.
Refrescar, refresca.
Descansar ya es otra negociación.
El verano tiene sonidos oficiales
Los pájaros.
Las persianas.
La chicharra que lleva trabajando desde mayo sin convenio colectivo.
Los vecinos gritando:
«¡Que cierres, que se va el fresco!»
Y luego está el ventilador viejo.
Ese aparato que muchas familias españolas mantienen funcionando bastante más tiempo del recomendable porque en este país existe una extraña incapacidad para tirar:
- una bolsa llena de cables antiguos,
- un táper sin tapa,
- un cargador de un Nokia que ya no existe,
- y un ventilador que parece un reactor soviético.
Siempre hay además un tío Julián imaginario —o no tan imaginario— que conserva uno tan antiguo que cuando lo enciende parece que bajan las luces del salón.
La tecnología avanza.
Pero Julián sigue allí.
En pantalón corto.
Con el ventilador apuntándole directamente al ombligo como si estuviera desactivando una bomba.
¿Qué tiene de especial un ventilador de torre?
Vamos a explicarlo sin hablar como un catálogo de electrodomésticos.
Porque nadie se despierta pensando:
«Necesito oscilación multidireccional con flujo aerodinámico vertical.»
La gente quiere algo bastante más sencillo:
- mover aire,
- ocupar poco espacio,
- poder utilizarlo por la noche,
- y no escuchar un tractor dentro del dormitorio.
El formato vertical tiene precisamente esa gracia. Ocupa relativamente poca superficie, puede repartir el aire mediante oscilación y muchos modelos incorporan velocidades, temporizador, mando a distancia y algún modo específico para dormir.
Ahora bien, hay una palabra que requiere lupa.
Silencioso.
Porque ahí el marketing puede ponerse más creativo que un pescador contando lo que medía la pieza que se le escapó.
La Trastienda: ¿qué significa realmente “silencioso”?
Aquí abrimos La Trastienda de El Farsante, porque antes de comprar un ventilador de torre silencioso conviene mirar algo más que una fotografía de un dormitorio precioso con una persona durmiendo como si no tuviera hipoteca.
La primera cifra que buscaría son los decibelios (dB).
Actualmente podemos encontrar modelos que anuncian alrededor de 20 o 30 dB en sus modos más tranquilos, otros que se mueven por los 30 y tantos o 40 y tantos, y aparatos que superan los 50 dB en determinadas velocidades.
Pero cuidado.
La cifra por sí sola tampoco cuenta toda la película.
Hay que comprobar en qué modo y velocidad se ha medido. Un ventilador puede anunciar una cifra estupenda en velocidad mínima y comportarse de forma bastante distinta cuando necesitamos que mueva aire de verdad.
Así que «silencioso» está muy bien.
«35 dB en velocidad mínima», por ejemplo, nos cuenta bastante más.
Un ventilador no es un aire acondicionado
Esto conviene dejarlo claro porque venimos precisamente de hablar del aire acondicionado portátil.
Un ventilador no baja la temperatura de una habitación como un aire acondicionado. Lo que hace es mover el aire y favorecer que nuestro cuerpo pierda calor, de modo que sentimos alivio.
Es una diferencia importante.
Si tu salón está a una temperatura infernal, el ventilador no va a convertirlo mágicamente en Cuenca durante una noche de enero.
Pero puede conseguir que estar allí resulte bastante menos desagradable.
Y consume considerablemente menos electricidad que un aparato de aire acondicionado.
Por eso tampoco son necesariamente productos rivales. Resuelven necesidades distintas.
Ocupan poco, y eso en algunas casas vale oro
Especialmente cuando el dormitorio ya parece un almacén emocional:
- ropa en una silla,
- cables misteriosos,
- cargadores que nadie sabe de qué son,
- una mesita llena de vasos «que luego recoges»,
- y una caja que lleva seis meses allí porque «hay que mirar lo que tiene dentro».
Un ventilador de torre utiliza una base relativamente pequeña y crece hacia arriba.
Por eso puede encajar bien junto a una cama, escritorio o sofá sin colocar una hélice industrial en mitad de la habitación.
Ahora bien, antes de comprar también mediría la base.
Porque «compacto» es primo hermano de «silencioso»: son palabras estupendas hasta que aparece la cinta métrica.
El modo noche merece más atención que algunos extras
Si el objetivo es utilizarlo para dormir, aquí está buena parte de la compra.
Un buen modo noche puede reducir la velocidad, suavizar el ruido, modificar progresivamente el flujo de aire e incluso apagar o atenuar la pantalla.
Y esto último parece una tontería hasta que tienes un LED azul iluminando el dormitorio a las tres de la madrugada como si hubiera aterrizado una patrulla de tráfico sobre la mesita.
Por eso, para dormitorio miraría:
- ruido en velocidad baja o modo noche,
- posibilidad de apagar la pantalla,
- temporizador,
- varias velocidades,
- y si los pitidos de los botones pueden desactivarse.
Porque puedes fabricar el ventilador más silencioso del planeta y estropear la experiencia con un:
«¡PIIIII!»
cada vez que alguien toca el mando.
La oscilación: que no te congele un ojo
Los ventiladores clásicos tienen una habilidad especial.
O no te llega el aire.
O te llega exactamente al ojo izquierdo durante siete horas.
No parece existir término medio.
La oscilación de un ventilador de torre permite repartir el flujo por una zona más amplia. Dependiendo del modelo podemos encontrar distintos ángulos de giro, por lo que merece la pena comprobarlo si queremos refrescar a varias personas o cubrir una habitación algo mayor.
Además, un flujo más repartido puede resultar agradable durante la noche porque evita tener el aire golpeando continuamente el mismo punto del cuerpo.
Más civilizado.
Como si el ventilador hubiera ido a terapia.
Potencia y caudal: más vatios no cuentan toda la historia
Otro clásico de las compras domésticas:
«Este tiene más vatios. Será mejor.»
No necesariamente.
La potencia eléctrica indica principalmente cuánto consume el motor, pero para saber cuánto aire puede mover interesa también el caudal de aire, cuando el fabricante lo facilita.
Además, el diseño del ventilador, el motor y las distintas velocidades influyen en el resultado.
Por eso no elegiría uno únicamente porque tenga el número de vatios más grande de la estantería.
Eso sería como escoger coche mirando solamente cuánto combustible puede gastar.
Información interesante.
Pero quizá no por el motivo que pensábamos.
El temporizador parece una tontería hasta las cuatro de la mañana
Para dormir puede ser una de las funciones más prácticas.
Quizá quieras que funcione mientras concilias el sueño y se apague unas horas después. O simplemente evitar que esté funcionando hasta que alguien se acuerde de apagarlo al día siguiente.
Los modelos actuales ofrecen temporizadores muy distintos: ocho horas, doce, quince…
No necesitamos necesariamente el que tenga más.
Necesitamos el que encaje con nuestro uso.
Porque programar un ventilador durante 15 horas para una siesta de veinte minutos también tiene algo de operación militar.
El mando a distancia: pequeño objeto, gran capacidad para desaparecer
El mando es comodísimo.
Especialmente cuando ya estás en la cama y levantarte para cambiar la velocidad se percibe como una actividad deportiva.
Pero los mandos de ventilador tienen una tendencia natural a:
- caerse detrás de los muebles,
- aparecer inexplicablemente en la cocina,
- meterse debajo de una almohada,
- o desaparecer para siempre.
Creo que viven otra vida cuando no miramos.
Por eso me gusta especialmente cuando el propio aparato tiene un sitio para guardarlo.
No es tecnología espacial.
Es simplemente aceptar cómo somos.
¿Motor DC? Una sigla que sí puede interesarte
Entre las especificaciones puedes encontrarte modelos con motor DC y otros con motores convencionales AC.
Los motores DC pueden ofrecer ventajas interesantes: regulación más fina de velocidades, menor consumo y funcionamiento silencioso, aunque eso no significa automáticamente que cualquier ventilador DC vaya a ser mejor que cualquier modelo AC.
Como siempre, manda el conjunto.
Ruido medido, caudal, velocidades, construcción y precio.
Las siglas quedan muy bonitas en la caja.
Pero no duermen contigo.
Pero vamos a hablar de las cosas malas también
Porque esto sigue siendo La Trastienda, no una secta del ventilador vertical.
“Silencioso” puede ser demasiado optimista
Este sería mi principal cuidado.
Hay modelos que anuncian un funcionamiento muy silencioso y compradores que después consideran excesivo el ruido.
Además, no todos percibimos igual los sonidos. Un zumbido constante puede no molestar a una persona y desesperar a otra.
Por eso, si dormir es la prioridad, los decibelios deberían pesar bastante en la decisión.
El modo noche no siempre hace magia
Puede reducir la velocidad y el ruido.
Pero no convierte automáticamente cualquier aparato en invisible.
Si el motor, la oscilación o la construcción producen vibraciones, seguiremos oyéndolas.
Y aquí volvemos a la diferencia entre:
«modo noche»
y
«modo noche que realmente me deja dormir».
No siempre son la misma criatura.
No todos mueven la misma cantidad de aire
El formato estrecho tiene ventajas, pero también existen modelos que priorizan tanto el diseño o el silencio que pueden quedarse cortos si buscamos una corriente muy potente.
Por eso conviene decidir qué pesa más para nosotros:
silencio, caudal o un equilibrio entre ambos.
Especialmente si el ventilador va a trabajar durante las horas más calurosas del día.
¿Para quién merece la pena un ventilador de torre silencioso?
Para quien quiere dormir con ventilador
Aquí tiene muchísimo sentido buscar bien.
Una cosa es pasar calor.
Y otra pasar calor escuchando una turbina durante toda la noche.
Ruido bajo, modo noche, temporizador y pantalla apagable serían mis prioridades.
Para habitaciones con poco espacio
Su formato vertical puede resultar más cómodo que un ventilador de pedestal convencional.
Especialmente si ya estamos jugando al Tetris con cama, armario, escritorio y esa silla cuya función oficial es almacenar ropa.
Para quien no necesita enfriar realmente la habitación
Si buscas principalmente sensación de frescor y movimiento de aire, un ventilador puede ser suficiente y consumir bastante menos que un aire acondicionado.
Si necesitas bajar varios grados la temperatura real de la estancia, entonces estamos hablando de otra necesidad.
Para personas oficialmente hartas del verano
Ese grupo empieza junio todavía sonriendo.
En julio contesta con monosílabos.
Y en agosto responde:
«No me hables.»
Porque el calor prolongado te vuelve lento.
Pegajoso.
Existencial.
Y cualquier corriente de aire empieza a adquirir valor patrimonial.
Ventilador de torre o aire acondicionado portátil
Como tenemos las dos cosas en El Farsante, merece la pena dejar clara la diferencia.
El ventilador suele ser más barato, sencillo, ligero y económico de utilizar. No necesita tubo hacia la ventana y podemos moverlo con facilidad.
Sin embargo, no refrigera el aire como un aire acondicionado portátil.
El aire acondicionado puede bajar la temperatura real de una estancia, pero consume bastante más, necesita expulsar calor al exterior y normalmente genera más ruido.
Por tanto, no elegiría preguntando cuál es «mejor».
Preguntaría:
«¿Quiero sentirme más fresco o necesito bajar realmente la temperatura de la habitación?»
Ahí empieza a aclararse bastante la compra.
Antes de comprar: las siete cosas que miraría
Si mañana hubiera que elegir un ventilador de torre silencioso, esta sería nuestra lista de La Trastienda:
- Decibelios: especialmente en la velocidad que utilizarás para dormir.
- Caudal de aire: si el fabricante proporciona el dato.
- Velocidades: suficientes para no tener que elegir entre “nada” y “huracán”.
- Modo noche: qué hace realmente y si reduce luces y ruido.
- Oscilación: amplitud y posibilidad de desconectarla.
- Temporizador: sobre todo para utilizarlo mientras duermes.
- Tamaño: altura y, especialmente, dimensiones de la base.
Después podemos mirar mando, motor DC, diseño, conectividad y demás juguetes.
Pero primero:
que mueva aire y no nos dé ganas de tirarlo por la ventana a las tres de la mañana.
El verdadero lujo después de cierta edad
No es un coche.
No es un reloj.
Ni aparentar éxito en redes sociales mientras cenas hummus triste viendo vídeos de fontaneros.
Hay noches de agosto en las que el verdadero lujo se reduce a dos cosas:
una temperatura soportable y silencio.
Eso es riqueza emocional.
Porque cuando duermes mal durante varios días, todo empieza a molestar:
- la ropa,
- las sábanas,
- el vecino,
- la existencia humana,
- y ese familiar que siempre dice:
«Pues yo estoy bien.»
No, Manolo.
No estás bien.
Simplemente has aceptado el sufrimiento.
Entonces, ¿merece la pena?
Sí puede merecerla, pero no porque tenga forma de torre ni porque la caja escriba “ultrasilencioso” con letras enormes.
Tiene sentido si valoras ocupar poco espacio, quieres repartir el aire mediante oscilación, vas a utilizarlo para dormir o trabajar y encuentras un modelo cuyo nivel de ruido y caudal encajen con lo que necesitas.
Pero antes de comprarlo, yo miraría las cifras reales.
Especialmente los decibelios.
Porque hay compras que entran por los ojos.
Esta debería entrar también por los oídos.
La frase que demuestra que ya eres adulto
No es:
«He pedido cita para la declaración de la renta.»
Ni:
«Voy a aprovechar que está de oferta el detergente.»
La frontera definitiva se cruza cuando alguien pregunta:
«¿Ponemos el ventilador?»
Y tú respondes con auténtica ilusión:
«Sí. Pero ponlo en modo noche.»
Ahí ya está.
Has alcanzado otro nivel.
Antes de hacerle sitio en el dormitorio
En La Trastienda de El Farsante todavía no vamos a señalar un modelo y decir «este es el bueno» si no tenemos razones para hacerlo.
Primero dejamos clara la vara de medir: ruido, caudal, velocidades, oscilación, modo noche, temporizador y tamaño.
Cuando incorporemos modelos concretos, podremos compararlos con esos criterios y no con el número de veces que aparece la palabra «silencioso» en la caja.
Porque la publicidad puede prometer muchas cosas.
Pero a las tres y veinte de la madrugada solo existe una prueba que importa:
que el ventilador no parezca estar intentando contactar con otra dimensión.
Y ya que estamos hablando de noches de verano, en La Trastienda todavía nos espera otro cacharro que promete salvar algo muy importante.
No el sueño.
Los refrescos.
La próxima parada será la nevera portátil eléctrica.