La vida cotidiana tiene muy mala fama.
Parece que para tener algo digno de contar hay que subir al Everest, cruzar medio mundo en bicicleta o abandonar el trabajo para fabricar queso artesanal en una aldea de doce habitantes.
Aquí no.
Aquí puede bastar con que el robot aspirador se quede atrapado debajo de una silla, que la cafetera decida no darte café hasta que limpies una pieza que no sabías que existía o que alguien diga «yo monto el mueble en diez minutos» para que tengamos historia.
Eso es EnganchaMente.
Un lugar dedicado al humor cotidiano, a esas pequeñas situaciones que nos pasan a casi todos y que, vistas con un poquito de distancia, tienen bastante más gracia de la que parecía mientras estaban ocurriendo.
La vida normal tiene mucho argumento
En EnganchaMente nos interesan las cosas pequeñas.
La discusión familiar que empieza por una tontería y acaba recuperando asuntos pendientes desde 1998.
La visita al supermercado en la que entras a por pan y sales con cuarenta y siete euros menos y sin pan.
El vecino que empieza a taladrar justo cuando decides echarte la siesta.
El viaje que parecía perfectamente organizado hasta que alguien pregunta:
—¿Pero tú no llevabas los billetes?
También nos interesan esos momentos en los que uno piensa que solo le pasan estas cosas a él.
Y entonces descubre que no.
Que somos legión.
Por eso aquí encontrarás historias cotidianas con humor, relatos, situaciones absurdas, pequeñas reflexiones, personajes reconocibles y esa clase de desastre doméstico que, cuando te ocurre, no tiene ninguna gracia… pero tres días después se cuenta estupendamente.
Y sí, aquí también hablamos de cosas que se compran
Porque forman parte de nuestra vida.
Compramos aparatos para ahorrar tiempo, descansar mejor, cocinar más rápido, limpiar menos, trabajar más cómodos o conseguir que la tecnología haga por nosotros todo aquello que llevamos años haciendo de mala gana.
Y entonces empieza la diversión.
El robot aspirador necesita supervisión.
El reloj inteligente nos informa de que hemos dormido fatal, cosa que ya habíamos deducido después de pasar la noche despiertos.
La freidora de aire acaba ocupando media encimera.
Y aquella cafetera que prometía convertir nuestra cocina en una cafetería italiana empieza a exigir limpieza, filtros, descalcificación y atenciones que ni el ficus.
Los productos no aparecerán aquí como una interrupción de la historia.
Muchas veces serán parte de la historia.
Porque las cosas que compramos también dicen bastante sobre nosotros: sobre nuestras manías, nuestras expectativas, nuestros pequeños caprichos y esa esperanza inquebrantable de que el siguiente cacharro sí nos va a simplificar la vida.
¿Entonces esto es una tienda?
No.
EnganchaMente es un sitio de historias, humor y vida cotidiana.
Sin embargo, cuando un producto tenga sentido dentro de una historia, hablaremos de él. Y cuando haya algo útil que contar sobre cómo funciona, para quién puede servir, qué ventajas tiene o qué inconvenientes conviene conocer, también lo contaremos.
Sin convertir cada artículo en un catálogo.
Y sin perseguirte por Internet agitando una freidora de aire.
Una cosa es hacer humor y otra contar milongas
Aquí exageramos.
Retorcemos situaciones.
Inventamos diálogos.
Cogemos una escena completamente normal y la llevamos hasta ese punto en el que alguien termina diciendo:
—Eso no pudo pasar.
Probablemente no exactamente así.
Ahí está parte de la gracia.
Sin embargo, cuando hablemos de las características, funcionamiento, ventajas, inconvenientes o datos concretos de un producto, la intención será separar el chiste de la información.
No diremos que hemos utilizado algo si no lo hemos utilizado.
Podremos escribir una historia ficticia alrededor de un producto. Podremos investigar, comparar información y convertir una situación imaginaria en un relato. Pero una cosa es jugar con la narración y otra inventarse una experiencia para convencer a alguien de que compre.
Eso no nos interesa.
¿Habrá recomendaciones y enlaces de afiliación?
Probablemente sí.
EnganchaMente quiere crecer y, con el tiempo, también puede intentar generar ingresos mediante publicidad, recomendaciones o enlaces de afiliación.
Ahora mismo esos enlaces de afiliación no existen.
Cuando los haya, lo indicaremos con claridad.
Eso significa que algunos enlaces podrían generar una pequeña comisión si alguien termina realizando una compra, normalmente sin que el precio cambie para esa persona.
Pero una comisión no convertirá automáticamente un producto en maravilloso.
Si algo tiene una pega, la tiene.
Y si algo nos parece un invento estupendo para resolver un problema que nadie tenía, también hay bastantes posibilidades de que lo digamos.
Humor cotidiano, pero sin necesidad de hacer sangre
EnganchaMente se ríe de las costumbres, de nuestras contradicciones y de esas pequeñas tonterías humanas que todos cometemos.
Empezando por las propias.
No necesitamos humillar a nadie para sacar una sonrisa.
Nos basta con observar.
Porque la realidad suele hacer buena parte del trabajo.
Un cuñado explicando algo que acaba de descubrir hace doce minutos.
Una reunión familiar.
Una comunidad de vecinos.
Un grupo de WhatsApp.
Una pareja intentando montar un mueble sin leer las instrucciones.
Hay material para varias generaciones.
Este sitio probablemente es para ti si…
- Te gusta reírte de las cosas normales que nos pasan a todos.
- Disfrutas con historias que empiezan en una cocina, un ascensor o una cola del supermercado y terminan donde Dios quiera.
- Te reconoces en personajes que hacen cosas que jamás admitirías haber hecho tú.
- Prefieres una reflexión entre risas antes que un sermón de cuarenta minutos.
- Te interesan algunos productos, pero no necesitas que te hablen como si estuvieras entrando en una teletienda.
- Piensas que la vida ya viene bastante seria de fábrica.
Aquí no prometemos cambiarte la vida
Eso sería muchísimo trabajo.
Con que alguna historia consiga que sonrías, que pienses «esto me ha pasado a mí» o que se la mandes a alguien diciendo «eres tú», nos damos por satisfechos.
Quizá también encuentres alguna idea útil.
Quizá descubras un producto que te interese.
Quizá acabes leyendo las aventuras de unos detectives jubilados cuando habías entrado buscando información sobre una aspiradora.
Aquí esas cosas pueden pasar.
Porque EnganchaMente no nació para contar una vida extraordinaria.
Nació para mirar de otra manera la vida normal.
La de las prisas.
La de los cacharros.
La de las familias.
La de las compras que parecían una idea estupenda.
La de los pequeños fracasos.
La de esos días en los que todo sale regular y, sin embargo, tiempo después terminan siendo una historia cojonuda.
Así que ponte cómodo
No sabemos qué estabas buscando cuando llegaste.
Tal vez una historia.
Tal vez una respuesta.
Tal vez información sobre un aparato que cuesta demasiado dinero como para comprarlo a tontas y a locas.
O quizá Google decidió traerte por aquí y ahora mismo tampoco tienes demasiado claro qué haces leyendo esto.
No pasa nada.
Echa un vistazo.
Si encuentras algo que te haga reír, pensar o quedarte un rato más, estupendo.
Y si no, tampoco vamos a correr detrás de ti.
Bastante tenemos con sacar al robot aspirador de debajo del sofá.
Bienvenido a EnganchaMente.